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5 palabras en un avión.

Junté 5 palabras al azar pidiéndoselas a mis amigos y armé este cuentito.

Mirada (Guada Díaz)

Comienzo (Iván Pierotti)

Australophitecus (Luz Díaz)

Mentira (Luz Díaz)

Pantuflas (Dani Diaz)

Mimí (Nacida Noemí Helena Duarte) subió al avión y rápidamente se ubicó en el asiento 12-A. Antes de subir, el sobrecargo Esteban le contó que no existe la fila “13” por la gente supersticiosa. Al minuto y medio de sentarse y abir y cerrar varias veces la bandejita para la comida, Ernesto Sanchez se sentó en el asiento de al lado. No fue solo la mirada de atorrante que tenía lo que molestó a Mimí. Lo que realmente la fastidió fue que desde el comienzo del viaje no paró ni un segundo de hablar de su nuevo descubrimiento, de su nueva esposa, de su nueva casa, de sus nuevos proyectos y de su nueva personalidad “-… Dispuesto a gastar en lo que me guste, porque la vida es una, ¿vistes?..”.

Una vez que pasaron las azafatas asegurándose de que los cinturones de seguridad estaban bien abrochados y que los respaldos estaban en posición vertical, Mimí se persignó como toda la vida y se agarró fuerte al posabrazos cuando sintió que se despegaba del suelo. El hombre que exasperaba a Noemí era un reconocido arqueólogo que recientemente había descubierto una “Versión Tuneada”, como el decía, del famoso Australopithecus Anamnesis, de la clase Mammalia y del Filo Chordata, pariente del A.Ramidus y descendiente directo del Ardipithecus. Mimí no podía entender ni una palabra de lo que le decía Ernesto, pero tampoco hacía ningún esfuerzo, porque con su manía de contar y contar ya le había caído mal y eso era lo peor que te podía pasar con Mimí. Si en la primera impresión le caías mal, listo, nunca más le ibas a poder caer bien por mucho que trates. Se ve que Ernesto se percató del poco interés que había en el ambiente porque empezó a hacer un dibujo en un bloc que había llevado para no aburrirse en el viaje. Mimí miro el dibujo de un mono arriba de una 4x4, hizo un gesto con la boca y se puso a mirar por la ventana como sus problemas se hacían chiquitos.

Parecía mentira que fuera el primer viaje en avión sin Gustavo, quién seguro se estaría quejando por el aire acondicionado, o porque no entra en el asiento o por tantas otras cosas por las que se habían separado. Porque toda la familia sabe que fue el quién que desgastó la relación. “-…Si Mimi es una santa, no como vago ese que tenía por marido…” Decía Rosita, la panadera del barrio.

Mimí se puso el antifaz para dormir y, con el ruido de la turbina, se imaginó en la casa de su hermana, donde comería mucho, miraría tele, haría unos lindos rompecabezas y donde viviría en bata y en pantuflas.

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